Tengo fijación por Japón. Me encanta un buen sushi, los kimonos de geisha, la caligrafía (Shodō), los haikus y el bordado sashico… Por eso, “algún día” me haré “un viajecito” al país nipón.
Hace un tiempo descubrí el Kintsugi o “el arte de las piezas rotas” y no sólo me enamoró, me ha convertido en una apasionada de todo lo “japonés”. Aunque no me vendría nada mal poner más en práctica algo de su filosofía de vida en la mía.


El Kintsugi o Kintsukuroi es un arte tradicional japonés que consiste en reparar objetos de cerámica, en lugar de disimular los desperfectos los resalta con pigmentos de oro. Es un fiel reflejo de la mentalidad japonesa: la belleza de las cosas rotas e imperfectas frente al pensamiento occidental, ése que nos hace ver que lo bonito es lo nuevo, lo recién comprado o lo que vamos a estrenar.
Sin embargo, este arte milenario, al reparar ese objeto destacando sus grietas, convierte la pieza rota en un objeto más bello… porque ha tenido una vida y porque quizás tenga una historia que contarnos.

kintsugi

Y, yo que soy de las que le gusta poner en práctica lo aprendido, ya estoy deseando convertir en “arte” alguna pieza de la vajilla de la Cartuja de Sevilla que hay por casa. Y, no es que esté deseando que se rompa la salsera… pero quizás se pueda hacer que “parezca un accidente”…

kintsugi
Y ya sabéis, si queréis hacer Kintsugi con algo roto que tengáis en casa, aquí os dejo un vídeo-tutorial de lo más fácil para que os animéis y un vídeo dónde se ve como se lleva a cabo la técnica.

Vídeo tutorial: Cómo reparar cerámica con efectos dorados

 

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